Se trata de uno de los locales que teníamos pendiente el volver a visitar, casi 5 años ya desde la última vez que tapeamos. Desde entonces muchas cosas han cambiando y aprovechando estos días de Navidad… ¿que mejor que tomar una cerveza después de unas compras por el centro?

Decidimos acudir a la Bodega Los Tintos para ver si había cambiado desde nuestra última vez y esa experiencia es la que plasmamos en este artículo.

La Bodega Los Tintos, un sitio con renombre, podemos encontrarlo en la calle San Isidro, a espaldas del Corte Inglés en pleno centro de la ciudad y muy cerca de otros locales como el bar San Remola Taberna de MolCasa de Mol, Sabores del Sur, el célebre bar Avila o Uva y Cebada. Se trata de un bar con gran afluencia de clientes, muchos de ellos habituales, lo que hace que sea siempre difícil encontrar un hueco.

Para empezar con su distribución, una barra ocupa casi toda la extensión de un local con forma alargada, la cual se encuentra flanqueada en los extremos pos dos grupos de mesas en las que poder tapear o bien pedir algunas raciones.

En nuestro caso, y dado que aún por la hora había sitio, nos situamos en la barra, una barra que 15 minutos más tarde, antes incluso de las 14 horas de mediodía, ya presentaba un lleno absoluto.

La atención rápida y eficaz. Un bar, que como su propio nombre indica está especializado en vinos, pero los cuales tienen unos precios muy elevados. Un ejemplo son por ejemplo una copa de Habla de la Tierra, botella de 6 euros, por 3,40 o 3,50 euros.

Nosotros nos pedimos dos cañas, las cuales presentaban un tamaño pequeño que no había variado con el paso del tiempo. Sin embargo ahora sí se podía elegir la tapa, algo que antes no pasaba y que el bar pedía como agua de mayo.

El hecho de poder elegir las tapas le hace ganar, pues antes siempre eran berenjenas fritas o pescado de primero y de segundo unas cuñas de tortilla.

 

Para nuestra primera ronda dos lomos a la brasa, que presentados sobre tosta de pan y con un pequeño adorno en forma de pimiento morrón, presentaban un gran sabor, si bien no eran demasiado grandes. 

Decir que dado el pequeño tamaño de la caña y de la tosta, y ante la continua afluencia de gente, no tardamos en pedir una segunda ronda con otras dos “micro” cañas. Esta vez volvimos a pedir una tapa basada braseada, pero esta esta vez fue jamón a la brasa con huevos de codorniz.

En este caso, venía igualmente presentada en forma de tosta, si bien ahora el sabor de la brasa era mucho más intenso. Muy buena, si bien nos resultó algo pequeña, sobre todo por la combinación con la bebida.

En ese momento, y ante lo apretados que estábamos en la barra decidimos abonar la cuenta. Un total de 8 euros, a 2 euros por cabeza fue el precio a pagar, caro si tenemos en cuenta algo tan básico como es el tamaño de la cerveza. No obstante han bajado el precio, ya que en nuestra última visita hace años, las cañas tenían un precio de 2,10 euros.

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