Comienza el fín de semana.
Han sido unos días mas complicados, pero bueno… la vida sigue.
Hoy hemos ido a un sitio que llevaban tiempo recomendandome desde casa, tanto mis padres como mi hermana.
Se trata de Los Altramuces…

En pleno corazón del Realejo (ya sabeis, mi barrio y uno de los que más encanto tiene de la ciudad), más exactamente en el Campo del Principe encontramos este local.
Está situado en uno de los laterales, copado casí en su totalidad por bares y restaurantes, que en verano dotan a este espacio de unos lugares únicos para tapear, al sacar las terrazas al fresco y poder tomar algo con unas vistas inmejorables.
Nosotros somos asiduos de otro sitio como es Rossini o de La Ninfa.

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Al parecer hoy era el primer día que abrían tras unas vacaciones, por lo que al lleno habitual, había que sumarle lo especial del día.

Al entrar… un local clásico, sin estridencias ni notas que nos llamén especialmente la atención.
Se encontraba a nuestra llegada con un nutrido numero de clientes que ocupaban las mesas que hay a nuestra izquierda y casi la totalidad de la barra a nuestra derecha.

Al fondo, y en elevado un pequeño saloncito, con algunas mesas más, que daba a la calle Molinos.
Ese fué nuestro sitio… el más despejado de gente.
Nos atendieron enseguida, sín esperas.

Pedimos en primera ronda lo más socorrido… dos cañas.
La tapa no es a elegir, pero cuando al trajeron podríamos decir que en este sitio eso no importa.
¿Y porqué digo esto?

Como veis, pese a ser una tapa para dos personas, está bien surtida, encontrando distintas variedades.
Así en este caso la tapa estaba compuesta de una croqueta de jamón, un “mini” flamenquín, una “salailla” con queso y aceitunas.
Es raro que a alguien no le guste al menos algo de lo que contiene la tapa.

Mientras le echabamos un ojo a la carta, con platos y raciones para poder probar, el sitio se íba llenando poco a poco.

Y como veis en esta foto, rapidamente se hizo palpable que esta era la tónica habitual.

En tanto en cuanto nosotros habíamos dado buena cuenta en la primera etapa de nuestra visita, así que tras conseguir llamar la atención del camarero (mientras era atacado por una horda de “enanos” armados con juguetes… que poca educación de los padres…) nos dispusimos a pedir una segunda ronda.

En esta ocasión fue una caña (otra) y un zumo de tomate (algo en relación a esto de los zumos me comento hace poco Silavi jjj).
La tapa que nos pusieron es la que veís, croquetas, en esta ocasión de pollo y una rebanada de pan con cabezada de jabali (o algo similar al queso de cerdo) acompañado de unas patatas chips.

Así estuvimos un rato, disfrutando del sitio, cobijandonos del frio que reinaba en la calle, y llenando el estomago, hasta que el cansancio de final de semana comenzó a hacer mella y nos fuimos preparando en retirada.

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No sín antes pedir la cuenta… el total de las tres cañas y el zumo fue de 6,60 €, que teniendo en cuenta las tapas, el servicio y el sitio, lo hacen en nuestra modesta opinión, un sitio recomendable para poder iniciar una ruta de tapas en buena compañia, y en uno de los barrios con más encando de la ciudad.

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