En el centro de Granada están abriendo una gran cantidad de locales donde poder disfrutar de sus tapas.
Así podemos disfrutar de la gastronomía de la tierra en muchos y buenos sitios.

Ejemplo de ello es este que os traemos. Se trata de la Taberna Granados, que con apenas dos semanas de vida ya goza de una buena salud y de una clientela abundante.
Está ubicada en el centro de la ciudad, junto a la Basílica de la Virgen de las Angustias, haciendo esquina con la calle Puente de la Virgen. 

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Viene a tomar el mismo nombre ya la misma ubicación del bar Granados, famoso por el vino de Mejorana, que cerró a finales de año.
Con su misma estructura y los cierres de madera que lo hacen característico.

Ahora está regentada por gente nueva, una joven pareja, ella de origen francés, muy simpáticos.
El bar como comentaba antes conserva su estructura primitiva, con una barra en forma de “L” pero ha cambiado la decoración; ahora todo es nuevo, pero mantiene algunos elementos antiguos como son los poster de temática taurina y un reloj que nos recuerdan el pasado del local.

Encontramos sitio en la barra, pero rapidamente el bar se llenó, por lo que la gente ya se acumulaba en una doble fila. Nos pedimos dos cañas en la primera ronda.

Las tapas no son a elegir… vimos pasar una especie de ensalada y unos cuencos… no sabíamos que nos tocaría.
En ese momento nos sirvieron un plato con dos cuencos individuales con un caldo. Tenía una textura que lo hacía más similar a una crema. Preguntamos y nos comentaron que era una crema de guisantes con huevo y en la que me pareció distinguir también piñones.
Estaba caliente y es que con el frió que ha hecho estos días, era algo que sentaba muy bien.

Era además la primera vez que me habían puesto como tapa una crema o consomé y tengo que reconocer que me llamó bastante la atención.

Conservábamos el sitio en la barra no sin ciertas dificultades, ya que no paraba de entrar gente.
En eso nos dispusimos a pedir de nuevo. Había una carta de vinos cerca y pense en cambiar, así que pensamos en pedir un vino, pero ¿cual?.

Nos decidimos por un Aptus, un Ribera del Duero que estaba francamente bueno.
Mientras esperamos la tapa ojeábamos la carta; hay platos y raciones y entre los vinos hay denominaciones de origen de varios sitios (Granada, Rioja, Ribera del Duero…).
En tanto nos sirvieron la tapa; parecía morcilla y a mi acompañante se le hizo un nudo pensandolo :-).
Y cuando se lo comenté al camarero su respuesta fué… “probadlo y luego me comentais”.

Y eso que hicimos… y no, no era morcilla. Era una rebanada de pan con paté de aceitunas, conocido con el nombre de “tapenade”, que estaba delicioso.
Nos duró poco en el plato… muy original.

Así llegó la hora de pagar.
El precio de cada caña era de 1,70€ y el del Aptus 2,50€… total 8,40€ y un rato muy agradable que seguro que nos hará volver.

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