Otro día más y por fin parece que llega un fin de semana con buen tiempo. O al menos eso deseamos.

En esta entrega seguimos por la zona centro, si bien en la siguiente cambiamos a… bueno eso a su debido momento.
Estamos en el Realejo, en la calle San Antonio, perpendicular a la calle Varela.
Muy cerca de La Esquinita, Los Diamantes…

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El sitio que os presentamos en esta ocasión se llama Raro de Luna..
Lo podríamos englobar en la categoría de gastrotabernas, concepto muy de moda últimamente.

Es un local de espacios diáfanos, con dos posibles entradas y una planta superior con tres mesas.
En la parte de abajo, dividida en dos mediante una barra encontramos un grupo de pequeñas meas junto con una barra en la pared.
En la otra parte y a doble altura una mesa alta y alargada con taburetes.

La decoración es minima, predominando el color blanco, con la madera y el hierro como complementos.
Nosotros nos quedamos en la parte izquierda, en la barra que había en la pared.
La barra estaba llena, al igual que las mesas y no no habíamos percatado de la existencia de la otra parte.

No tardamos en pedir. En primer lugar dos cañas. Aunque creíamos que las tapas eran a elegir, no era así, por lo que nos tocaba esperar.
Las dos cañas tenían un tamaño apropiado y no tardaron nada en servirlas.

Al igual que la tapa. En la primera ronda nos sirvieron dos tostadas de ensalada de pimientos, tomate y cebolla coronadas con un tronquito de melva (algo que parece se ha puesto de moda).
Cumplía su cometido mientras el sitio era un bullicio constante.

Estuvimos ojeando la carta tanto de vinos como de platos.
En la segunda ronda nos decantamos por dos vinos, un Liberalia y un Joseph Foraster, dos Riberas del Duero.
En esta ocasión la tapa estaba compuesta de dos cubiletes de brocoli con jamón y bañados en salsa de yogur.
Una tapa que ha tenido bastante éxito en el grupo de Facebook la verdad.

Tuvimos ocasión de volver a pedir otra ronda, con los mismos caldos y acompañando estos cons dos tiras de queso asturiano sobre crujiente de pan. Esta foto como podéis comprobar ha sido extraviada… mea culpa.

A todo esto, el sitio estaba completamente lleno. Habíamos estado tirando las fotos y ni nos habíamos dado cuenta de la carta que ojeamos detenidamente. Platos para probar donde predominan las chacinas y productos ibéricos.

El precio de cada cerveza era de dos euros y los vinos oscilaba desde los 2,50 en adelante.

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