Aunque con un día de retraso, de nuevo estamos aquí con todos vosotros. Hemos conseguido esquivar el mal tiempo y encontrar un resquicio en el muro de la tan manida crisis y para esta ocasión hemos seguido el consejo de Rafael, un amigo del grupo de Facebook. Hemos ido al Bar de Enrique y esta ha sido la experiencia.

Tras haber ido dos veces y encontrarlo cerrado o bien destinado a alguna cena, hoy viernes a mediodía por fin al pasar estaba abierto. Está en la calle Socrates, una perpendicular al Carril del Picón y a la calle Trajano, paralela a Obispo Hurtado y Emperatriz Eugenia.

Al llegar encontramos dos toneles en el exterior a modo de mesas, llamativos para otra ocasión, por que con el tiempo tan inestable no apetecía nada estar en la calle. Así que decidimos entrar y encontramos que había bastante gente. El sitio, enmarcado en una zona donde predominan los bares de ambiente estudiantil tiene una clientela con una media de edad superior a la treintena, al menos en el día de hoy.

Se trata de un local de decoración clásica, con una barra amplia situada a la derecha y unas mesas a modo de pequeño salón a la izquierda. Aunque inicialmente encontramos sitio en un tonel que había en el interior, nos pasamos a la barra cuando encontramos un hueco.

Nos comentaron que el sitio destacaba por los vinos, pero hoy teníamos “el alma rebelde”, así que de entrada pedimos dos cañas. A diferencia de otros clientes que las tenían en copa, nos las sirvieron en vaso. Personalmente prefiero una copa pero…

Las tapas no son a elegir, así que en ese aspecto estábamos a expensas de lo que saliese de cocina. Para esta primera tapa (sí, hay una segunda) nos pusieron un plato de carne en salsa con un cubilete de arroz, el cual tenéis al pié del párrafo.

Como no era mucha cantidad no duró mucho. Estabámos mirando por si había alguna carta de vinos pero no la vimos y como se veía al camarero bastante atareado al final nos decantamos de nuevo por otra caña y dejar el vino para otra ocasión.

Para esta segunda ronda la tapa que nos sirvieron fue un plato de revuelto de setas. El camarero, muy simpático por cierto, me dijo exactamente el nombre, pero si la verdad, no lo recuerdo. Muy buenas la verdad, se notaba el sabor a guiso casero y nos supieron a poco.

Así, viendo pasar los minutos, mientras tirábamos las fotos llegó la hora de pagar. El total fue de 8 euros, que hacen una media de 2 euros por consumición.

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