Esta semana pasada por agua hemos decidido quedarnos por el centro. Aunque en un principio íbamos a salir del casco histórico, las aguas que nos están visitando hicieron que cambiásemos de opinión.

Hemos probado un sitio nuevo, en la calle San Matías, que lleva abierto apenas un par de semanas. Vamos a narrar que tal fue la visita al Gastrobar El Palique.


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Como decía, en la calle San Matías, justo encima de la iglesia con el mismo nombre y cerca de otros lugares como Coco`s bar, Garnatí o Sol Tapas (entre otros muchos), tenemos este local que tiene etiquetado a la entrada el sobrenombre de “gastrobar”.

Al entrar encontramos una distribución poco habitual, con una barra en forma de “S” con unas mesas altas en la parte izquierda. El color blanco y la ausencia de cualquier tipo de decoración constituyen las notas más destacadas.

Al entrar se podía encontrar sitio con facilidad y conseguimos un lugar en una de las mesas altas que en ese momento se quedaba libre. Al cabo de unos minutos no cabía un alfiler, como se suele decir

Me acerque a la barra a pedir dos cañas para iniciar la velada. Nos las sirvieron al poco en la mesa. En copa y bien frías, el servicio fue rápido y correcto. La tapa en esta primera ronda tardo algo. Al final nos sirvieron dos medias rebanadas de pan que hacían de base a unas finas tiras de jamón. Creía que llevaban tomate, pero no, no llevaban nada aparte del jamón.

Como la tapa era pequeña no nos duró mucho, por lo que al poco volvimos a pedir otra ronda. Otras dos cañas, si bien para esta ocasión la gente ya nos rodeaba, llegando en algunos casos a parecer que estábamos todos en un gran grupo sin ningún tipo de privacidad. Y es que muchas veces la educación brilla por su ausencia.

Para esta ocasión pedimos otras dos cañas. Esta vez tardaron algo más en servirnos la tapa. Se trataba de media rebanada de pan, con un poco de guacamole cubierto con una anchoa.

Al igual que la anterior, debido al escaso tamaño, nos duró más la cerveza que la tapa, y ahora que llegan los fríos se hace más difícil llegar hasta el final. Ambos factores junto con la falta de espacio y la posibilidad de evitar un chaparrón hicieron que pidiésemos la cuenta. El precio de cada una de las consumiciones fue de 1,80 euros por cada una de las cañas.

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