Este fin de semana hemos estado a punto de no acudir a la cita semanal que tenemos con todos vosotros. ¿El problema? La saturación de la capacidad de almacenamiento de la cuenta de Picasa. Y es que son muchas, muchísimas las tapas que hay almacenadas y ayer dijo basta. Por ahora hemos tenido que adquirir una cuenta de pago para probar, ya que nuestra antigua cuenta de Flick está casi en las últimas. Y volviendo a lo que nos interesa, que no es otra cosa que enseñar nuevos sitios donde tapear en Granada, aquí estamos de nuevo. No nos hemos ido muy lejos de casa, pues el frío que se ha metido estos días nos ha pillado a pie cambiado, todavía habituándonos y no estaban los cuerpos para ir muy lejos. En esta ocasión hemos probado La Casa de Mol, nuevo local con escasos días abiertos, de los mismos dueños que tienen La Taberna de Mol en la calle San Isidro.

Ocupa el lugar en que con anterioridad estaban primero el Güejareño y luego la Cervecería Matador, en la calle Duende, una perpendicular a la Acera del Darro, enfrente de unos grandes almacenes por todos conocidos. Y muy cerca también, como ya he citado antes, del otro local que poseen o de sitios como el bar Avila o Los Tintos.

La principal diferencia entre ambos es la decoración. Mientras el más antiguo presenta una decoración más clásica y es más pequeño, este más reciente se caracteriza por ser más espacioso y por poseer un ambiente más moderno. El blanco inunda todo el local y la sensación de limpieza es destacable. Al entrar a la izquierda queda la amplia barra y un grupo de mesas altas, mientras que a la derecha podemos ver unas diez mesas donde poder desde tapear a pedir raciones.

Nosotros llegamos temprano, a eso de las 9 de la noche, y el local estaba vacío, algo que cambió al poco tiempo. Por este motivo no tardaron en servirnos. Nos pedimos dos cañas y mientras nos las acercaban a la mesa estuvimos pensando la tapa. Estas, como ya podéis intuir, son a elegir, pudiendo optar por un máximo de dos variedades. Para esta primera ronda, y como hacía frío, nos pedimos dos bombas.

Las fotos que pudimos tomar nos recuerdan que son muy similares a las tapas que ofrecen en el otro local, si bien, al ser este más reciente, cuidan quizás más la presentación. Mientras íbamos dando cuenta el local se había ido llenando en cuestión de minutos, y de hecho algún taburete que nos sobraba tuvo que ser adjudicado a otras personas.

Para la segunda ronda, y aunque la cerveza ahora se hace más larga de tomar, volvimos a pedir dos cañas, en esta ocasión acompañadas por dos tapas distintas. Por un lado lagrimas de pollo (que nombre más triste) y por otro una brocheta de pollo. Sin ser demasiado grandes, cumplen con su cometido perfectamente.

Estas dos tapas supusieron el final de nuestra estancia en La Casa de Mol y así nos dispusimos a pedir la cuenta. Un total de 8 euros, a dos euros por caña (desconozco el precio de otras consumiciones) fue la cantidad a pagar antes de volver a la calle y sentir el abrazo del frío que ya ha llegado a Granada.

Por otro lado, tenemos pendientes y apuntadas muchas de las propuestas que sobre todo en el correo electrónico y en Facebook muchos de vosotros nos habéis hecho. No las hemos olvidado.

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